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Conmoción por el atentado contra Cristina Kirchner

Lamentablemente Argentina atraviesa socialmente, hoy, por uno de los momentos más conflictivos de su historia.
Como consecuencia de los discursos de odio de gran parte de la oposición política, como así también de aquellos que trabajan de periodistas y que, en nombre de la libertad de expresión, han acumulado fortunas siendo serviles a la derecha conservadora. La sociedad está absolutamente partida, teniendo por un lado a quienes sólo defienden sus privilegios y, en la vereda opuesta, a quienes bregan por una mejor y más equitativa distribución de la riqueza.
Para que el combo sea aún más nefasto, a esa situación se le suma la tibieza de un presidente y un Poder Judicial que sólo defiende sus propios intereses y que desde hace décadas, nunca sirvió para otra cosa que para aplicar selectivamente el rigor de la ley, castigando tan sólo a los «morochitos pobres», que son quienes hoy pueblan las cárceles del país.
Si los argentinos no tomamos conciencia de la gravedad de la situación, difícilmente podamos salir de esta grieta que nos está socavando. Si el asesino que, en esta noche del 1º de septiembre, atentó contra la vida de CFK hubiese logrado su objetivo, no cabe ninguna duda que a esta hora el país estaría inmerso en una guerra civil de impredecible duración y consecuencias.
Por ahora, en relación al atentado, sólo está detenido el autor material del hecho, un brasilero de 35 años. En cuanto a la jueza que interviene en la causa, caratulada «Homicidio Agravado en grado de Tentativa», es una magistrada puesta en ese lugar por el gobierno de Macri. Ojalá que tal circunstancia no prive a los argentinos de una labor investigativa seria, imparcial, que lleve al total esclarecimiento del hecho, porque la ciudadanía necesita saber si el imputado, Fernando Sabag Montiel, es un sicario que actuó por encargo o un loquito suelto enfermo de odio.
Sergio Teves