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Suecia blinda al Nobel y silencia a Assange

Tal como se preveía, la justicia sueca ha desestimado la denuncia presentada por Julian Assange contra la Fundación Nobel.

(Estocolmo – diciembre 22) La noticia era previsible. Suecia ha desestimado la denuncia presentada por Julian Assange contra la Fundación Nobel por conceder el Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado. El 19 de diciembre, la justicia sueca decidió no abrir investigación. Caso cerrado. Institución intacta.

Assange no denunciaba una opinión ni un desacuerdo político. Denunciaba la vulneración del testamento de Alfred Nobel de 1895 y el riesgo de que los 11 millones de coronas suecas (cerca de un millón de dólares) asociados al premio acabaran facilitando agresiones, crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra. La respuesta oficial fue mínima: no hay indicios suficientes de delito. Ningún análisis del fondo. Ninguna discusión sobre la coherencia entre paz y premio.

La cuestión es incómoda porque apunta alto. Machado dedicó el galardón a Donald Trump mientras Estados Unidos mantiene desde agosto una flotilla militar en el Caribe, oficialmente contra el narcotráfico, que ha dejado al menos 87 personas muertas. Las cifras existen. Las fechas también. La contradicción con la idea de paz es evidente.

Suecia no ha evaluado esa contradicción. Ha protegido la marca Nobel. Y en ese gesto hay un patrón conocido: cuando quien denuncia es Assange, el problema nunca es lo que señala, sino que lo señale. El mensajero vuelve a ser castigado, esta vez con el silencio administrativo.

Defender la postura de Assange no es una cuestión personal. Es defender que la paz no puede convertirse en un premio geopolítico, que el prestigio no puede servir de coartada y que archivar una denuncia no borra las preguntas que la originan. El expediente se cierra. La incoherencia permanece.