Buscan convertir en centros de memoria a Cromañón y al taller clandestino de Luis Viale

Familiares de las víctimas y sobrevivientes de las masacres de Cromañón, en la que murieron 194 personas durante un recital en un boliche del barrio porteño de Once, y de Luis Viale, donde fallecieron una mujer y cinco niños por el incendio en un taller textil clandestino de Caballito, buscan que ambos inmuebles sean expropiados y convertidos en «centros de memoria» para contribuir a visibilizar ambos siniestros y a rescatar sus historias.

Los proyectos fueron presentados en la Legislatura porteña durante este año y apuntan a que pasen a manos del Estado el inmueble de Bartolomé Mitre 3060, donde funcionó el local bailable «República Cromañón», y el de de Luis Viale 1269, en el cual vivían y trabajaban 65 personas en condiciones de explotación laboral y hacinamiento.

Ambas iniciativas fueron elaboradas por los grupos que reúnen a los familiares de las víctimas y a los sobrevivientes de los dos hechos, quienes reclaman a los diputados de la ciudad de Buenos Aires la sanción de sus propuestas, para lo cual concurrirán el jueves próximo, a las 17, a la reunión de la Comisión Especial de Seguimiento y Prevención de la Violencia Institucional del Parlamento porteño.

El primer proyecto plantea que el edificio del boliche de la zona de Once, que es propiedad de Rafael Levy -el mismo dueño que al momento del incendio-, sea expropiado para «resguardar los elementos testimoniales que hacen a su valor histórico-cultural y configuran la memoria histórica colectiva de la Ciudad».

El objetivo es que el lugar se transforme en un espacio para la memoria en recuerdo de las víctimas, que se sume al santuario ubicado enfrente al edificio que, en la actualidad, sirve de espacio de encuentro y homenaje pero que, al estar al aire libre, sufre periódicamente vandalizaciones.

El 30 de diciembre de 2004, 194 personas, en su mayoría jóvenes, murieron al quedar atrapadas dentro del local bailable, cuyo gerenciador Omar Chabán permitió el ingreso de concurrentes muy por encima de lo habilitado, durante un recital de la banda Callejeros, cuando comenzó un foco de incendio de la mediasombra situada en el techo por el uso de bengalas.

Silvia Bignami, integrante del Movimiento Cromañón y mamá de Julián Rozengardt, quien murió a los 18 años en el boliche, dijo a Télam: «Queremos que haya una respuesta a nuestro proyecto que ya presentamos en dos oportunidades desde hace tres años. Que nos dejen de dar vueltas porque nadie nos dice que lo que planteamos está mal, entonces la falta de respuesta de los legisladores es violenta».

«La masacre de Cromañón es un caso en el cual el Estado tiene la responsabilidad de reparar, pero el (Poder) Ejecutivo cae en una situación de violencia institucional al no acompañarnos en nuestro derecho a salir adelante y el (Poder) Legislativo nos desoye hace bastante tiempo porque no da una respuesta al proyecto», resumió a su vez Belkyss Contino, sobreviviente del siniestro.

El segundo proyecto, que está impulsado por la Comisión por la Memoria y Justicia de los obreros textiles de Luis Viale, destaca «el interés por preservar el sitio» a partir de «connotaciones afectivas y racionales».

«Las primeras están relacionadas con el respeto a las víctimas, las segundas a la toma de conciencia de la cadena de responsabilidades que permitan a los habitantes de la ciudad conocer sobre las distintas formas de explotación», agrega la iniciativa.

El taller textil clandestino de Luis Viale era un galpón con una planta baja donde estaban las maquinarias y un primer piso para las «habitaciones», en realidad separadas solo por telas y cartones.

Allí, habitaban unas 65 personas -más de la mitad, niños y niñas- llegadas desde el Cantón Cohana, un pueblito distante a unos 100 kilómetros de la Paz, Bolivia, y trabajaban en condiciones de explotación laboral y sin medidas de seguridad.

El 30 de marzo del 2006 se desató un incendio en la planta superior por un desperfecto eléctrico y mató a seis personas que no pudieron escapar por el humo: Juana Vilca, de 25 años y embarazada; Wifredo Quispe, de 15 años; Elías Carabajal, de 10 años; Rodrigo Carabajal, de 4 años; Luis Quispe, de 4 años y Harry Rodríguez, de 3 años.

«Resulta indispensable plantear el proyecto como refugio de la memoria colectiva de la tragedia padecida. Tiene por fundamentos remarcar en la memoria colectiva el mayor siniestro de la historia de nuestra ciudad producto de múltiples causas todas ellas evitables», destacaron los impulsores.

En diálogo con Télam, Lourdes Hidalgo, una de los sobrevivientes, dijo que están «decididos a pelear por la expropiación del galpón a los dueños, que son los mismos del 2006, porque este caso quedó impune, entonces no queremos que vuelva a ocurrir allí otra masacre».

«Buscamos que el lugar sea un espacio para las próximas generaciones, para nuestros hijos, que tengan donde organizarse y capacitarse porque las víctimas de Luis Viale eran todos inmigrantes bolivianos que no sabían nada sobre los derechos ni a quién recurrir», recordó.

Por su parte, la legisladora del Frente de Todos y presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Victoria Montenegro, respaldó las propuestas al afirmar que «no pueden funcionar en esos lugares nada más que sitios de conciencia, a nadie se le puede ocurrir otra cosa».

«Hay que mantener en la memoria las tragedias que sucedieron en los dos edificios para contribuir al ejercicio ciudadano que sirva para sembrar conciencia y derechos», destacó.

Por su parte, la diputada de Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad y titular de la Comisión Especial que se reunirá el jueves, Mercedes de Mendieta, ratificó el «compromiso con la lucha por la justicia y la memoria ante dos hechos de violencia institucional en la Ciudad».

«La memoria nos permite pelear para que nunca más las ganancias de los empresarios y la corrupción se lleven la vida de nuestros pibes», dijo el referencia a lo ocurrido en el boliche de Once y agregó que la masacre de Luis Viale «puso al descubierto un problema que existe en la Ciudad como son los talleres clandestinos, una forma de esclavitud en pleno siglo XXI que afecta particularmente a las personas migrantes».

Télam

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