Crónicas no televisadas: Felipe Vallese

Días pasados, en una entrevista Eduardo Felipe Vallese, hijo del obrero metalúrgico Felipe Vallese, desaparecido en 1962, reconoció que en el discurso de Alberto Fernández pronunciado el 17 de octubre en la CGT era la primera vez que escuchaba “a un presidente mencionar a mi viejo». En esta columna, el dirigente empresario, Mario Derch, recuerda al Delegado de la UOM y primer, desaparecido que tuvo la Juventud Peronista, crimen de Lesa Humanidad prolijamente ocultado por la prensa hegemónica.

El frío se metía hasta por los huesos en aquella medianoche del 23 de agosto de 1962, hace ya 58 años atrás.

En territorios alejados de la jurisdicción que les correspondía, un grupo de la Brigada de San Martín de la policía bonaerense, al mando de Juan Fiorillo, se abalanzó esa noche, en la calle Canalejas del barrio porteño de Flores sobre la humanidad de Felipe Vallese para secuestrarlo, torturarlo durante 9 días, asesinarlo y finalmente hacer desaparecer su cuerpo, convirtiéndolo así en el primer detenido-desaparecido de historia reciente de la Argentina, 13 años antes de que ese método de eliminación se convirtiera en el preferido de la política de terrorismo de Estado instaurado por el golpe cívico-militar de marzo de 1976.

Vallese era un joven obrero y delegado metalúrgico, militante además del peronismo revolucionario muy cercano al sector de la JP que se referenciaba en Gustavo y Alberto “Pocho” Rearte. Su secuestro y desaparecimiento, precisamente, fue consecuencia de su proximidad con “Pocho”, a quien la bonaerense buscaba para endosarle un ataque armado con el que no tenía nada ver.

Lo cierto es que, pese a la activa movilización de sus compañeros para encontrarlo y salvarle la vida, Vallese no apareció nunca más, una situación favorecida por la pasividad de la Unión Obrera Metalúrgica de Augusto Vandor, según las denuncias que por entonces hizo el propio “Pocho” Rearte.

“Un grito que estremece/Felipe no aparece”, gritaban con angustia por esos días los activistas de la Juventud Peronista cuando podían, por momentos, evadir las acciones represivas de la dictadura apenas disimulada por el mandato presidencial de facto del civil José María Guido. Por supuesto, un joven Mariano Grondona, subsecretario del Interior en la época, decía no tener ninguna noticia de la detención de Vallese en variadas declaraciones a los medios.

La trama del caso Vallese fue develada sin embargo, gracias a la audacia del periodista Pedro Leopoldo Barraza, quien lo investigó y lo describió en una serie de notas en el periódico “18 de Marzo”, reaparecido con el nombre de “Compañero” tras su clausura por las autoridades, órgano del peronismo revolucionario. Y en 1965, ya con el patrocinio de la UOM, Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña retomaron los datos aportados por Barraza para publicar un libro con la historia del joven desaparecido.

La investigación de Barraza sirvió también como base del expediente judicial armado alrededor del caso, el que permitió apenas que Fiorillo y otros policías del comando que secuestró a Vallese fueran condenados por “privación ilegítima de la libertad” –no por torturas, ni por asesinato, ni por desaparición de persona- en 1971. La condena fue de sólo tres años de prisión.

Fiorillo salió en libertad a comienzos de 1974 y pasó inmediatamente a integrar las bandas parapoliciales conocidas como la Triple A, creadas por José López Rega, En julio de ese año la Triple A asesinó en plena calle al ya diputado por el peronismo revolucionario Rodolfo Ortega Peña, y en octubre la organización parapolicial también se hizo cargo del asesinato de Barraza, junto con el de su amigo Carlos Laham.

Después, tras el golpe de 1976, Fiorillo tuvo altas responsabilidades operativas en la política de terror desarrollada por la policía bonaerense de Ramón Camps. En 2006 se lo detuvo para juzgarlo por la apropiación en 1976 de la beba Clara Anahí Mariani, tras el secuestro de sus padres. Se trata de la nieta aún no recuperada de Chicha Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Fiorillo murió en prisión, por enfermedad, antes de que se llevara a cabo su juicio por el caso Mariano.

El derrotero de Fiorillo, en todo caso, constituye un dato suficientemente gráfico sobre las continuidades de las políticas del terror, como sostén de la imposición de un modelo económico concentrador y regresivo, en la historia argentina a partir de 1955.

Y Felipe Vallese, el primer detenido-desaparecido, es un ejemplo, en cambio, de la heroicidad de la lucha popular por resistir a ese proyecto. (*) Presidente de la Confederación General de la Industria de la República Argentina. (InfoGEI)Jd

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