Política

Un año en el gobierno y el «cambio» se hace notar

Salvo en sector agro exportador y mineros, todos los demás indicadores de la actividad económica cayeron

El próximo sábado se cumple un año de la asunción de Macri a la presidencia de la Nación.
Nótese que decimos un año en el gobierno y no un año de gobierno, que sería equiparable a gestión, porque si hay algo que no hubo en Argentina durante estos 361 días (hasta hoy), fue precisamente “gestión de gobierno”.
Si hubo una desenfrenada rapiña de la cosa pública, venganza hacia lo que ellos califican como gobierno populista, 130.000 despidos en la actividad privada, 80.000 despidos en el Estado, aunque en este caso “La grasa militante” de Prat Gay fue reemplazada, y con sueldos muy superiores, por los colaboracionista Pro.
El cambio también se hizo notar en la eliminación de derechos, se desmantelaron prácticamente todos los programas de inclusión social, caso “Conectar Igualdad”, ProCreAr, Pro- Cre auto, “Argentina Sonríe”, “Progresar”, “Anteojos para todos”, “Garrafas para todos”, en muchísimos distritos también “Orquestas y Coros del Bicentenario” y a partir del 1º de enero próximo al pueblo no le quedará ni siquiera “Futbol para Todos”.
Pero, si todo lo enunciado es muy grave, más grave aún es la vuelta al endeudamiento y la brutal trasferencia de recursos.
En los once meses y pico del gobierno del cambio, al país lo endeudaron en cincuenta y un mil quinientos millones de dolares y de acuerdo al Presupuesto, el año próximo esa deuda crecerá en más de 45 mil millones.
La transferencia de recursos se concretó con la quita de retenciones al campo y a las mineras por un lado y el tarifazo por el otro. Lo que el Estado dejó de cobrarle a los poderosos, se lo cobra al pueblo a través de las tarifas de gas, agua y electricidad.
La rapiña generalizada de la devaluación, los “retornos” del pago a los fondos Buitre, las mentiras sobre el impuesto a las ganancias, son otras perlas de este cambio que produjo la Alianza Cambiemos en su primer año en el gobierno.
El moño lo puso durante la semana el presidente Macri cuando por decreto se limpió el “cuello” con la Ley de Sinceramiento Fiscal recientemente sancionada por el Congreso y autorizó a la familia de los funcionarios (léase su padre), a ingresar en el blanqueo.
Así está todo, el cambio llegó, las Pymes al borde de la quiebra (las que aún subsisten por supuesto) la industria nacional en su peor momento de los últimos 15 años, el consumo en caída libre, pero, las señoras noveleras ya no tiene que “soportar” la cadena nacional y además, muchos de los trabajadores privilegiados que antes protestaban y hacían paro por ganancias, ahora en el mejor de los casos siguen aportando ganancias, porque algunos hasta perdieron el trabajo.